Familia=grupo de personas en el que manda el más pequeño.

Es verdad que tener hijos es de los regalos más grandes de la vida. Eso lo sabemos porque nos lo han dicho toda la vida. Un hijo es el más grande maestro, un hijo es una bendición, un hijo es la luz del camino, etc. Y sí, tener hijos está bien, pero bien cool, pero algo que nadie nos dice es cómo a la hora de ser madre te pierdes en un limbo muy extraño del cual es complicado salir. Nada nunca vuelve a ser igual en ti y me parece que eso también vale la pena saberlo, si no para evitar el limbo al menos para que cuando estés en medio de él no te de tanto miedo. Hoy quiero profundizar en el tema de recuperar tu vida después de ser madre.

Aunque seamos personas distintas y vivamos en realidades alejadas la una de la otra creo que hay ciertas cosas que tenemos en común antes de tener hijos; la más grande e importante es que nuestra vida se trata de nosotros, somos el centro del universo y nuestras necesidades y deseos es lo que más nos importa. Cuando tienes hijos el centro de tu universo ya no eres tú y ese pequeño detalle cambia todo lo que eres como persona. Cuando se mueve el centro se te va un poco el equilibrio, esa es una realidad.

El concepto de anteponer las necesidades de alguien más suena fácil y quizás hasta romántico pero dejen les digo que cuando llevas cinco meses durmiendo en intervalos MUY interrumpidos y toda tu ropa está manchada de vómito ya estás hasta el gorro de esa personita a la que amas tanto. El primer paso en tu reinvención es aceptar que ahora las cosas son diferentes.

Decir que estás cansada, harta y hasta el gorro no es aceptable socialmente. Llegar a una reunión y decir que ya no soportas a tus hijos es ponerte la etiqueta de mala madre, es balconearte ante el mundo que «no lo estás haciendo bien», que estás fallando y yo creo que ese sentimiento de fracaso es lo último que necesitamos como madres. La verdad es esta: ser madre es bien pinche cansado y retador y yo no siento que tiene nada de malo permitirte ese sentimiento. Tampoco estoy diciendo que debes andar por la vida diciéndole al mundo que ya no puedes más y que alucinas a tus hijos, en gran parte por que sería súper doloroso que tus hijos te escucharan pero también porque soy firme creyente que lo que hablas se vuelve tu realidad (ten cuidado). Y ya que andamos en el tema, también abstente de quejarte día y noche por que está de flojera para los demás y te vas a quedar sin amistades.

No se trata tanto de lo que dices sino de lo que sientes. No odies a tus hijos pero tampoco finjas que siempre te caen bien. Hacerte la fuerte es de las cosas más cansadas emocionalmente hablando. Mejor, cuando sientas que estás al borde del precipicio pide ayuda, échate una siesta, hazte un pedicure, córtate el pelo, regresa a las actividades que te hacían feliz antes de ser madre. Bueno, tampoco de vallas de fiesta por 4 días seguidos y te desentiendas del mundo, eso sí, creo que ya no jala tanto. Pero es importante que la maternidad no te consuma tanto que ya no sepas ni quién eres ni qué te gusta. Ok, ya eres madre pero también sigues siendo una persona.

Más que las friegas físicas creo que lo que pesa de la maternidad es la pérdida de identidad, sobre todo al principio cuando todavía no te queda tu ropa y no estás segura quién se está robando las horas de tu día porque ya no te alcanza el tiempo para bañarte ni ir al baño en paz. La primera etapa, cuando los bebés son pequeños, es la más difícil pero también es la más corta y se va a acabar de volada; la bronca es que cuando las estás viviendo te parece eterna y sientes que tu vida va a ser así para siempre. Les prometo que no. Yo diría que los dos primeros años son los turbo retadores, en lo que le agarras la onda a tu hij@, reestructuras tu relación de pareja, haces amistades con otras mamás y vuelves a agarrar vuelo laboral. Después de eso las cosas se asientan y puedes volver a respirar con calma (y sin interrupciones).

La vida nunca va a volver a ser igual, sépanlo de una vez. Pero eso no tiene por qué ser algo malo. La frase que alguien les escribió en su cuaderno de la primaria «nunca cambies» es una basura; cambien siempre, nunca se detengan, crezcan, madures, para eso estamos vivos.

Tener hijos es la oportunidad perfecta para cambiar; ajusta lo que tengas que ajustar, llora lo que tengas que llorar, pide ayuda, deja a un lado el ego de niña competitiva y busca aliadas, cree en tu capacidad de ser madre, ama tu cuerpo por lo que es y no por lo que fue, modifica tu situación laboral para que puedas ser el tipo de madre que quieres ser y, por el amor de Buda, no descuides tu apariencia física.

Ese rollo de que como ya eres mamá puedes andar por el mundo en pants es una grosería a ti misma. Aunque sí es cierto que el valor de una mujer no está determinado por el precio de su ropa, sí es cierto que sentirte arreglada te levanta el ánimo. El secreto no está en comprarte cosas caras sino en vestirte como te sientas bonita y dedicarle un poco de tiempo a tu arreglo personal.

Cuando tus hijos son muy pequeños es difícil lograr esos espacios para ti pero cuando crecen es de suma importancia enseñarles que tú también eres una persona y que mereces respeto, que si la puerta está cerrada tienen que tocar, que tienen que jugar un ratito solos en lo que te maquillas para salir, que si meditas o cocinas o hagas lo que hagas para relajarte eso no necesariamente los incluye. Los hijos son nuestros compañeros de vida, no nuestros dueños.

A veces se siente raro pedir tu espacio y hasta lo hacemos con culpa pero les juro que es necesario para reinventar la mujer que ahora vas a ser. Ser mamá está bien padre pero ser una mujer feliz y completa es igual de padre; de nosotras depende lograrlo y de nadie más.

Gracias por leerme.

Un beso grande

K

ARTÍCULO

Kalinda Kano

FOTOGRAFÍA

Mariah Pa

Por |2018-11-21T11:00:41-05:00noviembre 21st, 2018|Bienestar|Sin comentarios

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