Decir las cosas requiere de mucha práctica, pareciera sencillo; nace una idea, viaja a través del laberinto del cerebro, sale de la cabeza y baja por la parte de atrás del cuello, llega a la garganta a tomar fuerza y elige su tono, sale por la boca y cobra vida… pero no es tan fácil.

Muchas veces lo que quiero decir nace prematuro y sin fuerza. Tendría que darle tiempo y cuidados antes de soltarlo, pero no lo sé y creo que ya esta listo, pero al tratar de empezar su camino se disuelve y es hasta ese momento que entiendo que lo tuve que haber nutrido por más tiempo.

Otras veces el mensaje es fuerte y claro pero se debilita porque me distraigo con la vida y  paso a otra cosa. Ahora que lo pienso, la vida cotidiana me ha robado tantísimos momentos en los que quería expresarme. Me sucede mucho que dejo la posibilidad de hablar inconclusa, creyendo que es mas importante hacer que decir, y casi siempre estoy equivocada.

También me pasa que lo que quiero decir se pierde dentro de mi cabeza, es como si diera una vuelta equivocada y llegara a un callejón sin salida, o se topara con un obstáculo y se atorara. Cuando eso le pasa y después de un tiempo sin movimiento va perdiendo el entusiasmo y se rinde. Muere casi donde nació. Sin que el mundo supiera de su existencia.

A veces, cuando quiero decir algo, el mensaje empieza ligero pero en el camino de salida se le suman recuerdos, otras ideas y traumas de mi pasado. Se le van pegando cosas como sanguijuelas y casi siempre son tantas que ya no pueden transitar y toda la bola se queda atorada en algún lado del hemisferio izquierdo de mi cerebro y se fosiliza junto a todas las cosas que nunca dije y que ya ni me acuerdo que alguna vez existieron.

Mientras escribo esto me estoy acordando también de aquellas cosas que quiero decir que pesan tanto que cuando bajan se pasan de mi garganta y llegan hasta mi pecho, se me meten al corazón y se llenan de sentimientos. Me aprietan los adentros hasta que siento que me falta el aire y me dejan muda. Esas cuando salen (si es que lo logran) suenan a tristeza y a dolor pero de alguna forma son mis favoritas.

Y las últimas son estas, las que me bajan por los brazos y llegan a mis dedos, las cosas que decido no decir pero que escribo. Me he dado cuenta que cuando dejo libres a mis manos salen de mí cosas inesperadas, y que es mi forma favorita de que algunas cosas cobren vida. Con los años he aprendido que hay ciertas cosas en la vida que no vale la pena decir con voz si no con letras, así quien las lee las puede hacer suyas sin sentir que te las esta robando. Son las ideas libres, las que no se limitan a tonos y momentos.

Son las cosas que quiero decir pero no me atrevo.

K

 

Por |2020-12-26T12:44:36-05:00diciembre 26th, 2020|Adentro, Home|2 Comentarios

2 Comments

  1. Paola diciembre 26, 2020 en 1:49 pm - Responder

    Qué bonito! 😊

    • Kalinda Kano diciembre 28, 2020 en 11:12 am - Responder

      Gracias <3

Deje su comentario