Nunca me ha gustado el ruido.

Desde que me acuerdo tengo una sensibilidad exagerada al sonido. Me irrito con facilidad cuando escucho cosas que no quiero escuchar, y no me refiero a verdades o cosas filosóficas como podría entenderse, si no literal me molesta el ruido de fondo.

Es tanta aversión que si fuera un superhéroe, el ruido sería mi kryptonita.

Por desgracias nací en un país “festivo”. Celebramos que es viernes, puente, feriado, hay mariachis, porras, cohetes, cumbias, claxons, chiflidos… ¡auxiliooo!. Los mexicanos tenemos fama de escandalosos, los norteños más y a mucha gente le enorgullece ese hecho como si fuera una gracia a presumir. Dicen por ahí que cuando hay un mexicano lo vas a escuchar y pues sí.

Asumo este grincherismo como algo mío y la verdad no sé ni de donde salió pero he sido así siempre. En mi mundo hay momentos para hablar y hay otros (muchos) para el silencio.

Quizá me molesta el ruido externo porque ya con el ruido de mi cabeza tengo suficiente. Las (en plural) personitas que viven aquí dentro no paran y tienen opiniones de todo y honestamente me cansa escuchar tanto. Igual y me pasa al revés que a muchos y con tanto caos interno quiero que mi mundo exterior me aporte un poco de paz; una paz que en estos días hace tanta falta y no sucede.

Durante este encierro escucho ruido TODO el tiempo. La gente AMA sus máquinas: sopladoras, podadoras, secadoras de cabello, licuadoras, estéreos, videos de YouTube… YA, ¡paren por favor!.

Honremos y disfrutemos el silencio. Dejemos que la falta de sonido nos penetre los oídos y nos de una sensación de amplitud. Estemos callados cada quien en nuestra guarida dándole tiempo al tiempo. Escuchemos el susurro de nuestra voz interior. Dejemos que nuestra respiración sea el metrónomo de los minutos, y las horas; los días y semanas que nos faltan de este encierro.

Dejemos descansar a nuestros oídos y a nuestros sentidos.

Besos,

K

Por |2020-08-01T17:54:15-05:00marzo 30th, 2020|Adentro, Home|Sin comentarios

Deje su comentario