Siempre he pensado que a todos se nos notan las heridas. Solo es cuestión de mirarnos y poner atención y ahí están. En forma de tatuajes, cicatrices, costras, heridas abiertas, mal suturadas, infectadas, sangrando. Todo ser humano en este planeta las tiene, lo curioso es que estamos tan ocupados cuidando que no se nos vean que rara vez ponemos atención a las de los demás, esa es la ironía más grande de todas. Nadie te las ve, no porque las ocultes bien si no porque nadie te esta poniendo tanta atención como te imaginas.

Es chistoso pero en un acto de rebeldía muy extraño que no puedo explicarte a mí me gusta mostrar las mías. Siento que al quitarles los vendajes y curitas las «dejo respirar» y sanan más rápido que cuando las mantengo sofocadas abajo de pedazos de algodón y plástico. ¿Duelen? claro que duelen, y se infectan y a veces cuando tengo mis heridas expuestas se atoran con mi ropa o con un comentario de extraños y se abren, manchándome de sangre.

La primera vez que me di cuenta de que podía ver una herida en alguien más estaba en una entrega de premios acompañando a mi marido, el estaba triunfando en la alfombra roja y yo estaba parada a un costado tratando de no tener un ataque de pánico, siempre me han costado mucho trabajo los eventos masivos, creo que tantos estímulos al mismo tiempo hacen que mis sentidos se sobrecarguen y me causan un corto circuito. En fin, ahí estaba yo toda guapa, con mi vestido de gala y mis labios rojos haciéndome la cool mientras trataba de respirar y calmar mi mente que en ese punto ya estaba en el nivel 9 (de 10) de la catástrofe y de repente algo pasó; vi a una celebridad parada justo donde toman todas las fotos y algo en su mirada me hizo darme cuenta que le estaba pasando exactamente lo que a mí. Sus manos estaban nerviosas, su pecho apretado no le permitía respirar profundo, su boca estaba tensa, no tenía paz y yo lo podía ver. Reconocí de inmediato la herida de la ansiedad y el curita de la seguridad que llevaba sobrepuesto.

Esa noche vi muchas otras; el miedo al anonimato tapado por el look estrafalario, a los que crecieron sin nada y ahora presumen diamantes, el hombre al que le da miedo la vejez y trae del brazo a una mujer que apenas dejó de ser adolescente. La que siempre quiso ser estrella y ahora no lo suelta a pesar de los años y los daños, las esperanza de ser «descubierta» pretendiendo ya estar en la cima. Las decepciones disfrazadas de felicidad hacia el prójimo… Todo estaba pasando ahí delante de mis ojos y yo no podía parar de mirarlo.

Por un segundo me pregunté si quizá estaba descubriendo una especie de superpoder en mí, pero rápidamente me di cuenta que lo único que estaba haciendo diferente a todas las demás veces era observar. Salirme de mí, dejarme de dar tanta importancia para poner esa misma atención en lo de afuera. En los demás. Y es que nos cuesta tanto trabajo observar y escuchar sin que se nos atraviese nuestra propia experiencia y hay tanto que aprender del mundo travez de los demás.

Observar a la gente es mi hobby favorito, ver cómo se mueven, escuchar lo que dicen, cómo actúan cuando creen que nadie los esta mirando y mejor aún, cómo actúan delante de los demás. Ver qué máscara se ponen y preguntarme si ellos también saben que se pusieron una, así como yo lo sé. Me gusta buscarles las heridas y notar que vendajes prefieren y de qué manera tratan de esconderlas. Quiero saber cómo se ponen el torniquete.

Y es que todos somos tan diferentes y tan iguales. Tan complejos y a la vez tan básicos. Lo que nos duele lo tapamos con lo opuesto creyendo que ese es el remedio, cuidamos que nadie toque, vea, o descubra lo que nos duele, protegiendo nuestra vulnerabilidad como si fuese el más grande secreto. Como si fuéramos los únicos lastimados sobre la fas de la tierra.

¿Y sabes qué? no lo somos, no lo eres, no lo soy. Así estamos todos, lo único que nos distingue es que no a todos nos duele lo mismo. A mi me duele batallar con mi mente y a ti quizá te duele el abandono, hay a quienes les duele su pasado y a quienes les duele haber escogido una vida que no querían. Hay dolores de amor y dolores de dinero, dolores que se vienen arrastrando desde la infancia y otros que empezaron a doler hace dos días. Dolores profundos que nos sacan el aire y otros que no duelen y al mismo tiempo enojan y dan risa, como cuando te pegas en el codo. Y al final del día creo que lo único que todos necesitamos es un beso de esos mágicos como los que dan las mamás cuando te lastimas de chiquita.

Un beso de amor en la herida.

K

Por |2020-09-26T11:04:13-05:00septiembre 26th, 2020|Afuera, Home|6 Comentarios

6 Comments

  1. Vian septiembre 26, 2020 en 4:58 pm - Responder

    Exacto, esa es la solución a las heridas as, «un beso de amor verdadero», como en el cuento de princesas, lo diferente es que ese beso puede venir de nuestra propia alma, de la inteligencia universal que está en todo y está en nuestro interior. Estaría chido que todos sanaramos. Abrazos.

  2. Claudia septiembre 27, 2020 en 9:26 am - Responder

    A mi me ha costado trabajo incluso darme cuenta de las mias, sabía que dolía pero no entendía porque, hasta que aprendí a obeservarme, me estoy descubriendo… Muchas gracias por el valor que tienes al comparirte tanto… Sin duda alguna habrá hate, pero lo que haces vale mucho la pena.. Yo pongo tus videos cuando quiero reconectar y eso es invaluable. Saludos Kali, bendiciones para ti y tu familia.

  3. Mónica septiembre 27, 2020 en 1:36 pm - Responder

    Gracias, gracias!! 🙌 ❤

  4. Jazmín septiembre 28, 2020 en 7:17 am - Responder

    Kalinda hace poco te descubrí y de verdad me siento afortunada, me siento identificada en algunos aspectos y sobre todo me siento motivada, gracias por compartir cosas tan fregonas.

    • Kalinda Kano noviembre 3, 2020 en 5:17 pm - Responder

      Bienvenida 🙂 besos, Jazmín.

  5. Paola Sarmiento octubre 4, 2020 en 8:10 am - Responder

    Gracias por compartirlo, me ayuda mucho en estos momentos y me quedo con la frase un Beso de Amor… Gracias

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