Mi mamá me puso Kalinda desde el momento en el que supo de mí.

Hay varias versiones de la historia del porqué sucedió y yo las creo todas y ninguna a la vez. Ella cuenta que el día en el que supo que estaba embarazada, un amigo de mi papá, que se estaba quedando con ellos y que nunca sabía decir bien su nombre (ella se llama Melinda), les escribió una carta en la que decía: «Querido Joaquín, me voy. Dale un beso grande a Kalinda». Mamá Melinda, como buena creedora del destino sintió que no había de otra, estaba decidido, así me tenía que llamar y desde ese momento Kalinda fui.

Otra versión es que viene de la mezcla de los dos nombres de mi madre Kathleen + Melinda = Kalinda, pero honestamente esa versión me da hueva porque la siento un poco García Márquez y si ya me conocen saben bien que a mi me gusta vivir dentro del realismo mágico a full; la sola idea de llamarme una mezcla de los nombres de quien sea no va conmigo. Yo soy yo y nadie más.

Guardé mi versión favorita para el final. Kalinda, el nombre que nace de Kali la diosa de hindú asociada con la muerte y la destrucción. Una deidad obscura y violenta que es representada por una mujer desnuda con piel negra y una falda de esqueletos humanos, a veces cargando armas y otras llena de sangre. La diosa de la obscuridad. Se podría pensar que nadie quiere asociarse con una energía tan densa ni tan fuerte y menos llevar su nombre pero para mí es un honor.

Kali posee una fuerza destructora como ninguna otra pero es necesaria para trascender, porque seamos honestas, ¿acaso hay principios sin finales? ¿renacimientos sin muertes?… ¡Exacto! Eso mismo pienso yo.

Si una cosa me queda clara es que ese es mi nombre, no pude haber tenido otro. Yo vine a esta tierra a destruir, a cambiar, a empujar, a cuestionar, a sacarme a mí misma y a quien se deje de su zona de confort. Vine a abrazar la obscuridad y a remover obstáculos.

Soy una mujer que vive en constante cambio y renovación. He muerto y renacido mil veces y es mi razón para existir, terminar y volver a empezar, destruirme y renacer. Mi meta nunca ha sido y nunca será permanecer igual. Esa estabilidad no es para mí.

Yo quiero que todos los días de mi vida, todas las frases, pensamientos, conversaciones, libros, canciones y momentos me hagan cuestionar quién soy. Que se mueran cachitos de mí todos los días para así poderme reinventar y ser una mujer nueva todo el tiempo. Despedirme de partes de mí y conocerme de nuevo. Volver a nacer.

Esta soy yo, fuerte, obscura e iracunda y también suave y luminosa.

Me queda claro que la Diosa Kali me escogió a mí y me encanta.

K

Por |2020-10-21T20:40:44-05:00octubre 24th, 2020|Adentro, Home|2 Comentarios

2 Comments

  1. Isabel octubre 24, 2020 en 4:35 pm - Responder

    Gracias por plasmar en estas hermosas letras, tu sentir que sintoniza en este momento conmigo, así no me llame igual que tú, elijo cada día crecer cambiar y transmutar todo aquello que me haga permanecer igual, gracias infinitas por compartir tanto y todo bonito e interesante, definitivamente te estás transformando y haciendo un cambio padrisimo en mi que te sigo y admiro lo que compartes un abrazo de alma a alma…

    • Kalinda Kano noviembre 3, 2020 en 5:15 pm - Responder

      Qué hermoso. Gracias, Isabel.

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